P. Paulino Toral

La Espiritualidad de los Últimos Tiempos

 

1) En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -En aquellos días (= hoy, los últimos tiempos), 2) después de una gran tribulación, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, 3) los ejércitos celestes temblarán. 4) Entonces verán venir al Hijo del Hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; 5) enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, del extremo de la tierra al extremo del cielo. 6) Aprended lo que os enseña la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, sabéis que la primavera está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. 7) Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán. 8) El día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre. (Mc 13,24-32)

1. Estamos a un paso de Cristo Rey. En este último domingo del año litúrgico, la Iglesia nos invita a reflexionar sobre el fin del mundo a fin de que saquemos consecuencias y propósitos prácticos para la vida presente y personal. Intentémoslo.

2. “Todo concurre para bien de los que aman a Dios”. Como nadie sabe cuándo será el fin del mundo, tampoco sabe nadie si le tocará o no tocará vivir los acontecimientos que precederán al final de historia. Según Jesús, al fin del mundo precederán unos acontecimientos según los cuales todo se vendrá abajo y hasta lo más inamovible y sólido se tambaleará“El sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo. Habrá grandes terremotos…. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.

3. Así como no sabemos si nos tocará o no vivir el final de la historia humana y, por tanto, los acontecimientos que lo precederán (terremotos, temblores, bamboleo del sol y las estrellas…), sí podemos estar absolutamente seguros de que cada uno de nosotros asistirá al final de su propia historia personal, nuestra muerte, al fin de mi historia, de mi mundo…Y así como el final de la historia se anunciará con un cierto venirse debajo de toda a la creación, el fin de nuestra vida se anunciará, mejor, “se anuncia” por unos signos a través de los cuales Dios nos va mostrando que nuestro final se acerca hasta lo más inamovible y sólido se moverá: salud, trabajo, economía, relaciones, empresas y tareas., ilusiones, proyectos, aventuras, amores, amistades, pertenencias….;

4. Una cosa es clara: todos nosotros estamos ya en los "últimos tiempos" porque después de esta etapa de la historia, no hay otra. Personalmente también estamos en los últimos tiempos. Nuestro personal "fin del mundo" lo vamos a vivirel día que muramos. Ese día, para cada uno de nosotros "la luz del sol no brillará y se apagará la luna, caerán las estrellas..."

5. Así como Dios avisará a la humanidad la cercanía del fin del mundo, así también no avisa a cada uno que el final de nuestra vida se nos viene encima. Cada achaque del cuerpo, cada quebranto de la salud; cada asistencia de un entierro en el cementerio; cada visita a una clínica a una persona enferma… nos indica que todo es pasajero, deleznable, frágil; Son signos visibles y eficaces que tienen que llevarnos a poner el acento en lo único necesario: cada día estamos más lejos de nuestro nacimiento y más cerca de nuestra muerte.

6. Dios tiene un lenguaje en el que nos invita a tomarnos en serio esta vida. Todo está marcado por la limitación, la fugacidad, la caducidad, la transitoriedad: cada achaque, cada dolor que se presenta… la belleza, la juventud… Todo se va.

7. Al ver cómo todo se tambalea, pasa, se va… el peligro mayor es el de irse aferrando con más fuerza a lo transitorio o irse amargando la vida, o irse transformado en un amargado, o irse volviendo más ambicioso, más lujurioso, más activista… Lo mejor: ser cada día más feliz, más espirititual, más religioso… La filosofía que encierra la canción La Casa Nueva (ver al final)

8. Hemos de vivir haciendo de nuestra vida una oportunidad de salvación. Estamos sólo de paso… Como el turista que visitó al viejo ermitaño en su choza y preguntó al ermitaño: - “¿Dónde están tus muebles?” El anciano a su vez preguntó al visitante – “¿Y los tuyos?” El turista le respondió – “No lo tengo muebles. Yo estoy de paso” – Yo también, dijo el ermitaño, estoy de paso…. Santa Teresa decía que la vida es como una noche en una mala posada… Claro, sólo quienes tienen Todo pueden darse el lujo de no tener nada.

9. Sólo quien se va haciendo con el Todo (Dios) puede darse el lujo de irse quedando sin nada… Sólo si amamos cada vez más a Dios y al prójimo vamos bien encaminados…

10. En el Credo proclamamos que creemos que Jesucristo “vendrá de nuevo con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin”.

a. La Iglesia nos enseña que pasaremos por dos juicios: el juicio particular, inmediatamente después de muertos, y el juicio universal.

b. En los juicios de los hombres, la sentencia la redactan los jueces y sus amanuenses; en los de Dios, la redactamos nosotros, no con tinta y papel, sino con nuestros hechos.

c. Muchas cosas importantes de esta vida no las elegimos nosotros; nos vienen dadas: familia, sexo, país… Pero el más allá eterno sí lo elegimos día a día. La sentencia, condenatoria o absolutoria, la vamos escribiendo día a día, con ayuda de Dios, del Juez, a través de nuestras decisiones libres.

d. En la “redacción” de esta sentencia el Juez baja de su sillón judicial, se pone en nuestro camino, se transforma en compañero de viaje y nos va diciendo cómo tenemos que redactar la sentencia. El Evangelio, la Palabra de Dios es todo cuanto él nos dice para que la sentencia sea no condenatoria: Ponte de acuerdo cuanto antes con tu adversario mientras vas de camino con él; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al alguacil y te metan en la cárcel.(Mt 5:25-26)

e. Además nos da su gracia, su ayuda, su asistencia, respetando nuestra libertad, como sólo él sabe hacerlo, con infinito respeto. Incluso, a veces, como un padre con su niño pequeño nos toma de la mano y nos dice cómo hemos de escribir. A veces hacemos borrones y no dice que no importa, y nos da un nuevo papel, una nueva oportunidad: “comencemos de nuevo… no sufras, no ha pasado nada: te perdono”. Pero al final de nuestra vida, pone su firma y sello: “Esta es tu decisión…”.[1]

11. Creemos que a todo esto precederá unos signos que nos indicarán que el fin del mundo está por llegar. Creemos que nadie sabe cuándo ocurrirá estos hechos. "Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre". Mt 24,36. Jesús nos advirtió: - ¿Y cuál será la señal de que todo eso está para suceder? El contestó: -Cuidado conque nadie os engañe. Porque muchos vendrán usando mi nombre diciendo: «Yo soy» o bien «el momento está cerca»; no vayáis tras ellos “Si en este tiempo alguien les dice: Aquí o allí está el Mesías, no lo crean. Porque se presentarán falsos cristos y falsos profetas, que harán cosas maravillosas y prodigios capaces de engañar, si fuera posible, aun a los elegidos de Dios. ¡Miren que se los he advertido de antemano! Por tanto, si alguien les dice: En el desierto está. No vayan. Si dicen: Está en un lugar retirado. No lo crean”(Mt 24, 23-36).

12. No despreciar oportunidades, como el náufrago que rezaba y rezaba, pidiendo a Dios no ahogarse, y rechazaba la ayuda de los que pasaban por allí y le invitaban a subirse a su barca, pensando que Dios le iba a ayudar… Al final se ahogó y se fue al cielo y le reclamó a Dios, porqué no le había ayudado. Y Dios le dijo: “Hijo, ¿y quién crees que te enviaba tantas barcas…?

13. No es un tema para añadir más preocupaciones a las que actualmente tenemos, sino todo lo contrario, para evitarnos las inútiles, al vivir con la sabiduría que nos ofrece nuestro Padre Dios:  El tiempo es corto y apremiante. Por tanto, los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen. Los que lloran, como si no llorasen. Los que están alegres, como si no lo estuviesen. Los que compran, como si no poseyesen. Los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen. Porque la apariencia de este mundo pasa. (1 Co 7: 29-31). La fe no nos tiene que llevarnos a la irresponsabilidad: san Pablo lo advierte a los que se dedicaban a no hacer nada ante la eminente venida del Señor. Pero sí nos aconseja no tomarnos en serio lo relativo, lo pasajero, lo transitorio.

14. El paso del tiempo hay que interpretarlo como salvación: No se retrasa el Señor en el cumplimiento de la promesa, como algunos lo suponen, sino que usa de paciencia con vosotros para que todos lleguen a la conversión. Puesto que todas estas cosas han de disolverse así, ¿cómo conviene que seáis en vuestra santa conducta y en la piedad esperando y acelerando la venida del Día de Dios? Nosotros conforme a la promesa del Señor esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en los que tiene su morada la santidad. Por eso, carísimos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad  y esforzaos con toda diligencia que El os encuentre en paz, sin mancha y sin tacha. Considerad la a paciencia de nuestro Señor como una oportunidad que él os da para lograr la salvación (2 Pe 3: 13-15)

15. «Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de los cielos» Los humanos vamos todos en pos de la felicidad, podemos ir de decepción en decepción.  La confianza en Dios se experimenta en la pobreza, es decir, en la apertura total del corazón a Dios. Hay que fundar la vida en lo absoluto, en el Señor. En caso contrario, la misma decepción hace desdichado. Éstas, por su misma naturaleza, no pueden dar solidez a la vida de ninguna persona. El problema radica en dejarse deslumbrar y cautivar por las personas y las cosas. El corazón, en verdad, sólo puede confiar en Dios. Entonces el hombre echa raíces personales, mantiene su lozanía espiritual y da frutos de bondad. Éste es el realmente bendito y alabado. Éste es el verdadero santo. Ninguna decepción de la vida le defrauda. Tiene muy claro que Dios no decepciona. Y que las cosas relativas, con su valor relativo, nunca son fundantes.

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras? A caminar sin ti, Señor, no atino;
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío tu palabra de fuego es mi sendero;
que a mi puerta, cubierto de rocío, me encontraste cansado y prisionero
pasas las noches del invierno escuras? del desierto, del cardo y del espino.
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras, Descansa aquí conmigo del camino
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío que en Emaus hay trigo en el granero,
si de mi ingratitud el hielo frío hay un poco de vino y un alero
secó las llagas de tus plantas puras! que cobije tu sueño, Peregrino.
¡Cuántas veces el ángel me decía: Yo contigo, Señor, herido y ciego;
Alma, asómate ahora a la ventana, tú conmigo, Señor, enfebrecido,
verás con cuánto amor llamar porfía! el aire quieto, el corazón en fuego.
¡Y cuántas, hermosura soberana: Y en diálogo sediento y torturado
Mañana le abriremos – respondía –, se encontrarán en un solo latido,
para lo mismo responder mañana! cara a cara, tu amor y mi pecado.

En el tiempo aquel se levantará Miguel, el arcángel que se ocupa de tu pueblo: Serán tiempos difíciles, como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora.  Entonces se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para vida perpetua, otros para ignominia perpetua. Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.

LA CASA NUEVA

Los Hermanos Arriagada

Hoy, estamos de fiesta: Tenemos “Nueva casa”. Y hay que celebrarlo como Dios manda. Hay de todo: Comida, trago, alegría; mucha gente. Y la casa. La casa nueva. Nuestra casa. Fruto de tantos años, llenos de penas blancas.

Primero los discursos (Me felicitaron. Hasta me tomaron fotos, con la vieja, abrazados). Luego, como es lógico, ya no hay nada importante... Importa sólo el trago, la comida y el baile.

Yo los miro de lejos: Mis hijos están grandes. Mi hija con su novio. Mi hijo y su compadre.

Mi mujer, con los platos. Yo, con mi copa, solo, en un rincón… La busco a escondidas de todos: “Hola, vieja, ¿bailamos?” ¡Que importan todos estos! No importa ni la casa. Lo que importa es lo nuestro. ¡Quítate el delantal! ¡Quiero verte de fiesta! ¡Ya esta bueno de platos! Ahora eres la reina. Bebe; tú de mi copa, como en los tiempos idos. Yo bebo de la tuya…: ¡Amigas! ¡Amigos!

Déjame bailar contigo la alegría linda del último vals. Amor, amor, amor

Déjame saber que es cierto que nadie nos quita la felicidad. Amor, amor, amor.

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¿Sabes una cosa? Hay algo que no entiendo… Yo quería una fiesta con los hijos, los nietos… Y vino tanta gente que he tenido que buscarte, como ves, a escondidas, para poder hablarte. Pienso…, pienso: Qué pasaría si alguien me sorprendiera contándote en secreto mis siniestras ideas…: ¡La casa nueva! ¿Cuál casa? ¡Si esto es una barraca, comparada con otras, que sí se llaman “casas”! ¡La casa nueva! Sí, desde hoy “La casa de los viejos…” Para bailar a solas un valsecito añejo.

Déjame bailar contigo la alegría linda del último vals. Amor, amor, amor

Déjame saber que es cierto que nadie nos quita la felicidad. Amor, amor, amor.

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Mira. Mira: todos se han ido. Hemos quedado solos. ¿Lo ves? ¡Solos! ¡Sin hijos! Se van…. Se van felices. Te pones más vieja; yo, más viejo y mas triste.

En fin. ¡Qué importa! Solo Dios entiende lo que pasa… Después de todo, amada: ¡Tenemos nueva casa…!

Déjame bailar contigo la alegría linda del último vals. Amor, amor, amor…

Déjame saber que es cierto que nadie nos quita la felicidad. Amor, amor, amor….



[1] Creemos que este mundo es transitorio. Es el escenario del diálogo de amor entre Dios y el hombre. Los cielos y la tierra desaparecerán para dar lugar a"los cielos nuevos y la tierra nueva" (2 Pe 3,13) para vivir enteramente en la Jerusalén celestial (Ap 21,1-4) donde Dios será todo en todos y en donde no habrá más dolor, ni llanto, ni enfermedad, pues la muerte habrá sido vencida definitivamente (1Cor 15,26-28; 2Tim 1,10; Ap 20,6).