P. Paulino Toral

Los Magos, la Iglesia y la Eucaristía

 

Herodes, los sacerdotes,

los ancianos y los letrados,

cerca están y no buscan,

ni encuentran al que es su Dios.[1]

Herodes, yo tan cercano

Herodes, yo tan lejano.

Herodes, el rey pagano

Herodes, este cristiano…

 

Sabiendo las Profecías,

teniendo las Escrituras,

indicándoselo a los Magos

el camino del Portal;

no salen de su palacio;

lo que es costumbre no dejan,

ni de sí mismos se alejan

para ir hacia Belén…

 

Los Reyes Magos de Oriente:

los paganos, los lejanos,

los extraños a Israel;

pasando dificultades,

afrontando aventuras,

caminando de tan lejos,

vienen, se postran, adoran:

lo que traen se lo dan…

 

Herodes: los Cardenales,

los Nuncios y los Obispos,

los Curas y los Vicarios,

los Diáconos y los Lectores,

las Monjas y los Priores,

cristianas comprometidas,

cristianos de compromiso,

los que oyen la Misa diaria…

 

Los Centros de apostolado,

las Conferencias de obispos,

los Sínodos, las Asambleas,

los que dirigen las Curias,

y que exigen la catequesis

a todos los Catequistas;  

los Cantores y Organistas,

Ministros de Comunión…

 

 

Los que tienen a Jesús

ahí cerca, en la Hostia Santa;

los que manejan su Biblia,

los que poseen Doctrina;

los sabios de biblioteca

e ignorantes de Sagrario;[2]

que a los otros dan dulzuras

y tienen su boca amarga…[3]

 

Los que enjuician a este mundo,

y descubren la tiniebla

que cubre la negra noche

que envuelve toda la Tierra,

en esta Era cristiana,

ya sin Cristo y post cristiana,

y descubren las inmundicias

de éste mundo tan inmundo….[4]

 

Los que huyen de conflictos

a fuerza de ecumenismo,

y confunden el Bautismo

con el rito del Budismo

y comulgan Comuniones

con las otras religiones

y hablan a lo humano,

olvidando lo divino…

 

Los Magos con su aventura,

exclaman hoy a su modo

lo que ya Nietzsche, el ateo,

con burla y sorna decía:

“¡Más salvados tendrían que parecerme

Esos cristianos ‘salvados’

para que yo de veras creyera

en Cristo, su Salvador!”

 

¡Nosotros, entre tesoros

de Gracia y de Verdad,

de Belleza y Santidad,

tan distantes del Buen Dios!

Sobre todo: ¿Qué hemos hecho

del Pan de Amor y de Vida,

El Sacramento Mayor,

la humilde Eucaristía?

¡Sí…! A gritos te imploro sed,

que me estoy muriendo de agua.

Te pido migas de hambre,

que estoy harto de pan.

Herodes, yo tan cercano

Herodes, yo tan lejano.

Herodes, el rey pagano

Herodes, este cristiano…

 

¿Recibirte en la Hostia Santa

Sin hambre y sin sed, Señor?

¡Como sin sed beber agua

y sin hambre comer pan!

¿Recibirte sin anhelo,

como el Leproso Simón?[5]

¡Recibirte  y humillarte

es no recibirte, Señor!

 

¡Cuantas Comuniones hechas,

hechas sin hambre y sin sed

de vivir Tu misma Vida,

de trasformarme, Jesús!

¡Cuantas Comuniones  mías,

Sufridas por ti, Señor,

Comuniones a lo Judas:

Sólo besos sin amor!

 

¿Es Sacrifico o Banquete?

¡Ambas cosas, Jesús!

Tú preparas el Banquete.

Yo preparo el Sacrifico.

Tú acudes siempre ardiente;

yo tan frío y sin amor…

Cada vez que te recibo,

te sacrificas, mi Dios

 

Tú dentro de mi pecho.

Yo fuera del tuyo, Amor;

Tú, ardiendo de ternura;

yo, helado el corazón.

Recibirte por rutina

por cumplido, sin amor.

¡Qué distante, qué lejano,

ante tu abrazo de Amor!

¿Nacer? ¡Naces a diario

en mi establo - corazón!

Yo, Herodes, sin embargo,

tan lejos de ti, mi Dios.

¡Sin dejarme mi palacio:

mi tan mundano interior!

¡Qué apegos! ¡Qué vergüenzas!

¡Qué disparate! ¡Jesús!

 

¡Pero hoy salgo de mi oasis

Como los Magos de ayer.

¡Anhelante, insatisfecho

dejo mi vida, mi Dios!

¡Hoy emprendo la aventura

de buscarte en mi interior

y entregarte oro, incienso

y la mirra de mi amor!

 

En la Escena de la Misa,

terminan hoy tus Tragedias,

mis parodias, mis comedias,

los teatros de mis besos:

Yo encarnaré siempre el hambre;

protagonizaré yo la sed,

y Tú y yo viviremos

el encuentro del Amor

 

¿Comulgar cual rey Herodes?

¿Yo tan lejos, Tú cercano?

¿Besarte cual nuevo Judas,

cometiendo una traición?

¿Ofrecerme Tú el Agua,

sin brindarte yo mi sed?

¿Poseer yo el Pan de Vida

Y hambre de amar no tener?

 

Cada vez que te reciba

en la Santa Comunión,

haga yo como los Magos,

mi Amado y Buen Jesús:

Habiéndolo dado todo

en un encuentro de Amor,

a mi vida de antes vuelva

“por otro camino” [6], Señor…

 

 

 



[1] Mt 2,1-12

 

[2] Mons. Manuel González, Siervo de Dios, Obispo de Málaga en 1923, escribió a sus sacerdotes: “¡Si conocieras la diferencia que hay entre los sabios de biblioteca y los sabios de Sagrario!”. Claro, sin despreciar el estudio…

[3] Un sacerdote nos dijo en un retiro de sacerdotes: “”A veces los curas nos parecemos a los vendedores de caramelos: repartimos bombones a todos y nosotros no nos llevamos uno a la boca”.

[4] Isaías 60,1-6: “Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz… Mira, las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve los pueblos”

[5] Ver Evangelio de S. Lucas: 7,39-47

[6] Mt 2,12